Esa mañana, el cielo estaba despejado y sin nubes.
Un auto negro se detuvo lentamente frente a la puerta de la escuela de Alva. Desde el interior, Sisca —la niñera de Alva— bajó primero, asegurándose de que la zona fuera segura antes de abrirle la puerta al pequeño.
—Alva, vamos, ya llegamos —dijo Sisca con una sonrisa.
Alva, que todavía venía abrazando a su pequeño muñeco, asintió lentamente y luego bajó del auto con pasos alegres.
Tan pronto como sus pequeños pies tocaron el suelo, varios gua