—La última vez que te lo pregunté, Damian... —Nathan se plantó frente al hombre, que permanecía sentado y recostado contra la pared, con el rostro cubierto de golpes—. ¿Dónde está Elena?
Damian se limpió la sangre de la comisura de los labios y lo miró con expresión vacía.
—Ya te lo dije... No lo sé.
Nathan levantó una silla de madera y la lanzó con fuerza contra una esquina de la habitación.
—¡No me mientas!
Damian guardó silencio. Respiraba con dificultad, el pecho subía y bajaba con pesadez,