106

Capítulo 105

La puerta de metal se abrió con un crujido. La luz del pasillo entró lentamente en el sofocante sótano. Elena levantó el rostro; deslucida, cansada, pero todavía alerta.

Los pasos de Margareth eran claramente audibles, los tacones altos de la mujer de mediana edad resonaban en el suelo de cemento. En sus manos traía una carpeta marrón y una botella de agua. Con el cabello recogido en un moño impecable, el rostro de la mujer permanecía severo.

—¿Has descansado lo suficiente, reina E
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