Rosalie Valois estaba tomada por la indignación e incredulidad. ¿Cómo osaba François sacar a sus hijos de casa? Se sentía herida y desafiada en su capacidad de ser una buena madre. Las emociones la consumían, y ella temblaba ante la situación que enfrentaba.
Sin vacilar, Rosalie bajó las escaleras apresuradamente, con las manos temblorosas, y se dirigió al teléfono fijo en la pared. El corazón latía descompasado en su pecho mientras marcaba el número de François. La ansiedad era palpable, y ca