Eduardo iba por el sendero sinuoso. Miró a la gente cosechando la quinua y saludó con una sonrisa casual de quien quiere comprar un quintal, mientras le hablaban de calidades y precios. Él insinuó lo cambiante del temporal, que siempre lleva algo nuevo.
Los trabajadores se encogieron de hombros diciendo que su cosecha dependía del temporal: ni mucha lluvia ni mucha sequía, lo normal para que la tierra dé frutos.
—Mi madre solía decir que la tierra es como la mujer, siempre se le entrega lo m