Viviana sonrió con frialdad calculada, los golpes constantes en la puerta amenazaban con violar la seguridad que en ese instante la protegía.
Ella se dirigió a una esquina del departamento abrió la puerta del ropero digitó cuatro números en un tablero que se activó con su tacto y se abrió ante sus ojos un pasadizo a la habitación contigua, ahí se coló en un pequeño ascensor manual de emergencia y bajó hasta el sótano, Salió a la parte trasera de la calle, el viento frío sobre su cara aceleró l