JARIS
Me obligué a mantener la calma mientras pasaba junto a ellos para sentarme en la cabecera de la mesa.
—Los saludo a cada uno por su nombre. Disculpen si los hice esperar, no sabía que vendrían. Por favor, tomen asiento.
Así lo hicieron. Noté que en la mesa no había ni agua ni bebidas.
Me volví hacia Nerion, que estaba de pie a mi lado.
—¿Por qué no se les ha ofrecido nada?
—Nos negamos —respondió uno de los representantes—. El asunto que venimos a tratar es demasiado serio.
Arrugué la frente, confundido. ¿Qué era eso que habían venido a tratar?
—¿Y se puede saber qué es? ¿Hay algún problema?
Otro de ellos asintió.
—Uno muy grave, Alfa Jaris.
Hubo una larga pausa en la que intercambiaron miradas; luego, con una actitud de dolor, uno de ellos añadió:
—El Rey Alfa ha muerto.
***
La noticia me cayó como un rayo. Tardé más de la cuenta en asimilarla y entender lo que querían decir.
El Rey Alfa. ¿Se referían a que el rey Thaddeus estaba muerto? No.
—¿Cómo pasó esto? —Mi cara se descomp