Ella abrió los ojos de par en par.
—Admiro mucho a Alexander Whitmore. Incluso si se vuelve difícil, estaré agradecida por estar en su compañía. Realmente lo admiro.
Él negó con la cabeza.
—¿Qué? No estoy bromeando —soltó una carcajada —. Solo te doy una advertencia.
—No has logrado que cambie de opinión.
Él levantó las manos a modo de rendición.
—De acuerdo, tú ganas.
Cuando sus platos llegaron, ambos se sumergieron en la comida. Bianca sintió que tras cada segundo transcurrido, ella se