Los días que siguieron fueron un mar de emociones. Lucas despertó en la sala de cuidados intensivos, rodeado de monitores que pitaban suavemente. Tenía un aspecto pálido, pero una vez que abrió los ojos y vio a su madre, una sonrisa débil iluminó su rostro.
—Mamá... ¿estoy bien? —preguntó, su voz apenas un susurro.
—Sí, cariño. Estás muy bien. Eres muy fuerte —le dijo abrazándolo con cuidado, sintiendo el alivio inundar su corazón.
La recuperación de Lucas no fue fácil. Experimentó fatiga y alg