Capítulo 8

Ethan no sabía quién había hecho la llamada. A lo lejos, el sonido de las sirenas de la policía comenzó a escucharse cada vez con más claridad.

Ethan permanecía de pie en medio del almacén, con la mirada fría. La sangre de la víctima se extendía lentamente sobre el agrietado piso de cemento. El olor a pólvora mezclado con sangre impregnaba el ambiente.

Volvió a observar la insignia negra que sostenía en la mano. Un dragón dorado enroscado ocupaba el centro de la placa. Era exactamente el mismo
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