*—Uriel:
—Dios… —jadeó Uriel, apretando las sábanas con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos mientras sentía cómo Danny se adentraba más en él, llenándolo de una forma que le robaba el aliento.
—¿Te gusta así? —susurró Danny con la respiración pesada contra su oído, su voz profunda y cargada de deseo mientras empujaba con más fuerza.
Uriel solo pudo asentir, incapaz de articular palabra. Era demasiado, la sensación lo desbordaba, lo consumía. Cada embestida de Danny desperta