Desperté y estaba sola en la habitación. Me levanté e hice mi rutina de aseo personal; luego bajé y encontré a Iván desayunando con el abuelo y Javier. Buenos días, ¿cómo amanecieron?
—Bien, hija.
—Muy bien, cuñada, hermano, ¿no responderás el saludo de tu mujer?
—Como bien lo has dicho, Javier, ella es mi mujer, lo que indica que amanecemos juntos todos los días; por ende, ya la saludé.
—El tono de voz de “mi prometido” dejaba claro que no estaba para juegos el día de hoy; lo que más me asombró