SAMIRA
No estaba del todo dormida cuando llegó el golpe en la puerta.
Sentándome, me apresuré hacia la puerta del dormitorio. Mi intuición decía que era Caine, tenía que serlo, pero aun así eché un vistazo por la rendija para asegurarme. Sus ojos estaban cálidos al verme; no podría haberlo detenido si hubiera querido.
—Es tarde —susurré, dejándolo entrar—. Me preguntaba si vendrías a verme. Mira mi cama elegante. No es tan buena como la del jardín-prisión, pero aun así.
Caine estaba borroso ent