CAINE
Costello bloqueaba la puerta de sus aposentos. Alzó la mirada y la fijó en mí a medida que me acercaba.
—Tranquilo —bromeé—. Entro yo y tú puedes subir a comer algo.
Sus labios se estiraron en una línea fina.
—¿Esto es una broma? Todavía me sorprende que convencieras a Thorne de dejarla salir aquella vez.
A pesar de su desconfianza, abrió la cerradura y me franqueó el paso.
—No es ninguna broma —dije. Golpeé ligeramente las bisagras para avisar a Samira de mi presencia—. Papá dice que aho