CAINE
Podía verme reflejado en el espejo detrás de ella. La excitación teñía mi piel y me ardía en la lengua. Su sabor era como respirar profundamente después de años bajo el océano. Nunca había besado —ni deseado besar— de esa manera.
Mi erección se tensó dentro de los jeans, buscándola. Su gemido, cuando sintió mi cuerpo rozando el suyo a través de sus pantalones de algodón, provocó una nueva punzada que recorrió mi columna. Cada roce de mi lengua con la suya enviaba oleadas de placer por mis