La noche final se sentía como un voto.
Evelyn estaba de pie en el centro del calabozo de Master Julian, vistiendo únicamente el elegante collar de cuero que ahora sentía como una parte de su alma. Su cuerpo era un hermoso mapa de la posesión de ambos: leves marcas, chupetones y el constante y delicioso dolor entre sus piernas. Sin embargo, nunca se había sentido más viva.
Julian se acercó a ella, alto e imponente, con los ojos ardiendo de hambre y de algo mucho más profundo.
—De rodillas —dijo