La última noche antes de que regresara la madre de Lucas se sintió como el fin de una vida y el comienzo de otra.
La casa estaba en silencio. Marcus tenía a Lucas doblado sobre la mesa del comedor —la misma mesa donde solían tener las cenas familiares. La gruesa polla de Marcus estaba enterrada profundamente en el culo de su hijastro, follándolo con estocadas lentas y poderosas.
—Dilo —gruñó Marcus, agarrando las caderas de Lucas con tanta fuerza que le dejaría marcas.
—Soy tuyo, papá —gimió Lu