Narrado por Sergio
Desperté con el pecho pesado, como si una sombra se hubiera sentado sobre mí. Hacía días que sentía ese presentimiento, pero hoy era más fuerte. Sabía que no sería un buen día.
En la empresa, todo parecía conspirar en mi contra. Problemas en contratos, notas mal firmadas, pequeños retrasos. Sylvia —claro— tenía su mano en todo. Siempre encontraba la forma de poner arena en los engranajes, como si su placer fuera verme perder tiempo, perder la cabeza. Y, de hecho, perdí horas.