ABBY
Siempre quise ser madre, lo deseaba tanto que, pese al dolor y los maltratos a los que vivía sometida día y noche, siempre tuve la esperanza de tener un bebé entre mis brazos.
Pero nunca se dio esa oportunidad y la desilusión y desesperanza poco a poco fueron rompiendo mi corazón hasta llegar a convencerme a mí misma que ni siquiera podía hacer algo tan simple como dar vida, que yo era la culpable por no poder quedar embarazada, que Dios me había castigado y debía vivir con la desilusión.