Sacudo mis pensamientos y me inclino hacia él, pero el espacio en el sofá es tan reducido que opto por arrodillarme en el piso y así darle una mejor ojeada a su herida, algo que lo obliga o por inercia —quiero creer que es lo segundo—, a hacerme un lugar entre sus piernas.
Esto es una malísima idea.
¿En qué estaba pensando cuando le dije que le revisaría la herida? Peor aún, ¿en qué rayos estoy pensando al situarme entre sus piernas y quedar en esta posición tan… sugestiva?
Bien, seré veloz: qu