Entonces, Gonzalo usó toda su fuerza y, con un tirón violento, rasgó el cuello de la blusa de Valentina.
La mente de ella retrocedió a años atrás, cuando en una cueva similar, él la había sometido. Su olor repugnante la sofocaba mientras la desesperación y el miedo la ahogaban. La pequeña de aquel entonces sentía que iba a morir. En ese entonces, solo podía pensar en el hombre que había salvado, preguntándose por qué no venía a ayudarla.
Ahora, sintiendo el peso de Gonzalo sobre ella, cerró los