Nicolás se subió al asiento trasero. Daniela quiso decir algo, pero él tomó su rostro entre las manos y la besó.
Daniela emitió un suave gemido y todo su cuerpo se relajó. Nicolás rodeó su esbelta cintura y la sentó sobre sus piernas, continuando con sus besos.
—Nicolás, ¿dónde estamos? —preguntó ella.
Percibiendo su nerviosismo, Nicolás respondió:
—En el estacionamiento de mi empresa. No te preocupes, nadie viene por aquí.
Solo entonces Daniela se tranquilizó. Levantó los brazos para rodear el