Nicolás se quedó inmóvil.
—¡Diana!
—¡Diego!
Diana corrió hacia Nicolás.
Él extendió sus brazos y la estrechó contra su pecho.
Las lágrimas de Diana comenzaron a caer mientras se refugiaba en su abrazo.
—Diego, ¿eres realmente tú? Aquel día te reconocí. ¿Por qué no me dijiste quién eras?
Aquel día, cuando Nicolás se había hecho pasar por taxista, ella ya lo había reconocido, pero él lo negó.
Nicolás solo podía abrazarla con fuerza. No sabía si su rostro asustaría a Diana. A veces, deseaba que su