¿Dónde estoy?
Al darse cuenta de lo que pasaba, el rostro de Daniela se enrojeció instantáneamente. Se sentó de golpe y miró al hombre con enfado.
— ¡Pervertido! —exclamó.
El hombre en el asiento del conductor llevaba una mascarilla que ocultaba su rostro, pero sus fríos ojos revelaban un destello de diversión.
— ¿Por qué me insultas? No he hecho nada —respondió con aparente inocencia.
El rostro de Daniela se puso aún más rojo, como un camarón bien cocido, emanando calor.
— ¿Dices que no has hec