Mateo tomó la mano de Valentina.
— Valentina, vámonos.
Mateo salió con Valentina, pero ella retiró su mano de la de él.
— Señor Figueroa, regresa tú. Estoy bien en la mansión de los Celemín. Me quedaré aquí unos días.
Mateo la miró.
— ¿Te hospedas en casa de los Celemín? No tienes ningún parentesco con el tío Héctor, ¿por qué quedarte aquí?
Mateo ya había notado que Héctor trataba a Valentina de manera diferente. Por ejemplo, nadie podía entrar en su estudio, pero Valentina había aparecido allí,