Daniela se quedó paralizada. El automóvil se dirigía hacia ella.
En el último instante, un brazo fuerte apareció, rodeó su estrecha cintura y tiró de ella con fuerza, atrayéndola hacia un cálido y firme abrazo.
El automóvil pasó rozándola.
Daniela, aún conmocionada, levantó la mirada hacia el hombre que la abrazaba.
Era él.
El hombre enmascarado que buscaba entró en su campo de visión.
¡Había aparecido!
Daniela lo miró. —Eres tú.
El hombre la soltó y habló con voz profunda. —¿Me buscabas?
Daniel