Tres años después. Europa.
En la enorme mansión, Valentina estaba acostada en la cama. Sus largas pestañas caían silenciosamente, su rostro pequeño y delicado tenía una piel tan blanca y sonrosada que daban ganas de morderla.
Las cortinas doradas se extendían hasta el suelo y el cálido sol de la tarde entraba por la ventana, llenando la habitación de calidez.
En ese momento, con un chirrido, la puerta se abrió y una pequeña figura entró corriendo. Se subió a la cama y acercó su carita a la de Va