Marcela tiró a Catalina al suelo y comenzó a golpearla con puños y patadas.
Catalina, mientras era brutalmente golpeada, empezó a suplicar: —¡Basta! ¡Me duele mucho... paren ya!
Héctor intervino: —Que alguien la detenga.
Varios guardaespaldas vestidos de negro entraron y sujetaron a Catalina.
Marcela abrazó a Ángel y lloró desconsoladamente: —¡Ángel! ¡Ángel! Te has ido antes que yo, tu madre. ¡Qué desgracia para nuestra familia!
...
Los Méndez comenzaron a ocuparse de los preparativos funerarios