Después de vendar la herida, la mala suerte quiso que a Mateo le diera fiebre, debido a la infección. A pesar de que ella había encendido el aire acondicionado y lo había cubierto con varias mantas, seguía temblando de frío, varias gotas de sudor le resbalaban por la frente.
Ella pensaba que se lo merecía, ¿por qué no se había tratado la herida cuando fue al hospital? Le había puesto una inyección, pero ahora tendría que superar la fiebre por sí mismo; una vez que bajara, estaría bien.
Levantand