Diego miró a Fabiola sin expresión alguna: —¿Qué quieres de mí?
Fabiola se acercó a Diego y con sus dedos pintados de rojo carmesí tocó los músculos de su cintura: —Qué duros están.
Diego ordenó: —¡Quita tu mano!
Fabiola no se molestó: —Deberías saber por qué te he hecho venir. Ambos somos adultos. A partir de ahora estarás conmigo, serás mi mantenido. Siempre que me complazcas en la cama, puedes poner el precio que quieras. Ya no tendrás que bailar haciendo striptease.
Diego la miró: —Debes est