Sus ojos se encontraron.
Diego llevaba una máscara que ocultaba su expresión, pero su mirada seguía siendo fría, observando a Daniela como si fuera una desconocida.
El presentador sonrió: —Señoras, por favor, cálmense. Hagamos esto: solo una persona podrá subir al escenario y tocar a nuestra estrella. En cuanto a quién será, lo decidiremos por subasta. El precio más alto gana.
Las mujeres adineradas comenzaron inmediatamente a pujar: —Mil dólares.
—Tres mil.
—Cinco mil.
—Diez mil.
El precio rápi