—¡Mateo! —exclamó Dolores, sorprendida.
Valentina, desde la puerta, quedó atónita. Nunca había imaginado que Mateo recibiera el latigazo por Luciana. Sin duda, pensó, ella era su preferida, ni siquiera lo disimulaba.
—Abuela, basta —dijo haciendo contacto visual con ella—. Yo soy quien quiere estar con Luciana. Ella no tiene la culpa, es mía. No la toques, ¡golpéame a mí si quieres!
—¡No, por favor, no lo golpees! —Luciana abrazó a Mateo—. ¡Golpéame a mí!
La escena era casi mágica; parecían dos