Luciana y Dana estaban desamparadas. No se atrevían a replicar.
En ese momento, con un chirrido, la puerta de la villa se abrió, y la figura de Daniel apareció en el umbral.
Marcela, radiante: —¡Daniel! ¡Hola! Por fin te encontramos.
Daniel, desde la puerta, los observó: —Marcela, ¿qué les pasa?
Luciana notó que Daniel parecía de buen humor, a pesar de haberlos hecho esperar durante más de media hora bajo la lluvia y el viento frío. Luciana sospechaba que Daniel lo había hecho a propósito, que q