Valentina se limpió las manos con un pañuelo y miró a Joaquín: — Joaquín, ¿qué quieres decir? Ni se te ocurra pedirme disculpas.
Joaquín inicialmente quería disculparse, pero ahora las palabras de disculpa se le atascaron en la garganta.
Valentina dijo con voz fría: — Cuando hieres a alguien, no basta con un simple "lo siento" para borrarlo. Así que no lo digas, no te perdonaré.
Joaquín se resignó.
Él era el pequeño tirano de Nueva Celestia. Aparte de Mateo, nadie se atrevía a desafiarlo así. Es