Mauro se dio vuelta y vio el bello rostro de Mariana.
Sus ojos se iluminaron: —¿Mariana? ¿Qué haces aquí?
Mariana llevaba una blusa blanca y azul con cuello marinero y una falda negra corta que resaltaba perfectamente su figura curvilínea. Se paró con gracia frente a Mauro, juntando sus hermosas piernas, y sonrió dulcemente: —Mauro, hoy me dejaste subir a tu coche para resguardarme de la lluvia. Ahora te protejo con mi paraguas y estamos a mano.
Mauro sonrió.
—Mauro, ¿tienes una cita? Te dejo el