Valentina estiró su mano para tocar el rostro de Mateo.
Pero sus delicados dedos blancos fueron atrapados de golpe. Mateo abrió sus ojos somnolientos.
Besó su mano y la miró:
— ¿Despertaste?
Su voz recién levantada sonaba magnética y ronca.
Mirándola con ternura.
Valentina, con su rostro sonrojado, dijo:
— Ya es tarde, debemos levantarnos.
Mateo la abrazó:
— Aún quiero dormir un poco más.
Pero Valentina se incorporó:
— No, esto es un dormitorio de chicas. Cuando todas despierten nos verán. ¡Tien