Luciana apretó los puños con tanta rabia que sus uñas se clavaron en sus palmas sin que sintiera dolor.
Catalina, con el rostro sombrío como agua turbia, miró a Aitana arrodillada.
—¿Eso es todo lo que sabes hacer? Si no puedes lidiar con Valentina, entonces no tienes razón para seguir existiendo.
Aitana se apresuró a responder:
—¡Puedo hacerlo! ¡Ya he pensado en un nuevo plan para enfrentarme a Valentina!
Catalina resopló con desdén.
—Entonces veamos tu actuación. Puedes irte.
Aitana huyó despa