Valentina había estado allí todo el tiempo, observando silenciosamente la escena, todo el pánico y desconcierto de Catalina.
Mario corrió rápidamente a su lado e hizo una reverencia servil: —Señorita Méndez.
Valentina sacó un bolígrafo y lo arrojó a la piscina: —Director Estrada, se me cayó el bolígrafo.
—Lo recuperaré ahora mismo. —Corrió y se zambulló en el agua fría.
Catalina se acercó, mirando incrédula la escena; el director emergió empapado, sosteniendo el bolígrafo como un trofeo: —Se