Capítulo 145
Mateo, imponente, se mantenía de pie junto al ventanal. Sus ojos brillaban peligrosos:

—¿Creen que una simple disculpa resolverá esto? Váyanse.

Lina, con lágrimas en los ojos, suplicó:

—Por favor. Tu tío Ignacio y yo te cargamos cuando eras pequeño. Es nuestro único hijo. Libera a Gael, te prometemos que lo disciplinaremos bien.

Mateo permaneció impasible y ordenó fríamente:

—Acompáñalos a la salida.

Fernando hizo un gesto indicando el camino:

—Señor y señora Zambrano, por aquí, por favor.

La ex
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