Sara se quedó paralizada, con un vuelco extraño en el pecho, mirando hacia arriba al hombre de porte imponente que tenía enfrente.
Luis vestía un traje negro de alta costura, con los hombros todavía cubiertos de polvo del camino, prueba de que había llegado corriendo desde muy lejos. Pero ni el cansancio de ese vuelo privado y larguísimo lograba opacar la elegancia y el peso que llevaba encima desde que nació. El ambiente que se formaba a su alrededor bastó para que el bullicioso salón de la fie