Luis se enderezó, retrocedió unos pasos, no dijo nada y se dio vuelta para irse.
Se fue.
Sara abrió los ojos lentamente, pero las lágrimas grandes seguían cayendo desde las comisuras de sus ojos.
En ese momento sonó el tono alegre de su celular, alguien la estaba llamando.
Sara sacó su celular, era su mamá.
Sara contestó y la voz de Katia llegó de inmediato:
—¿Hola? Sara.
—Mamá.
—Sara, esa hija bastarda fue a buscarte, ¿verdad? Ahora que estás embarazada, esa vieja amante y su hija bastarda se e