Continuó: —Vendí todo lo que tenía para mandarla a estudiar, gasté hasta el último centavo para que pudiera ir a la ciudad. Y ahora me rechaza, dice que la avergüenzo y que me regrese al campo... —Gonzalo lloraba tan convincentemente que hasta él mismo empezaba a creerse su actuación. Sin duda, merecía un premio por su interpretación.
Los fotógrafos disparaban sus cámaras sin cesar. Una hija abandonando a su padre adoptivo en el campo era una noticia explosiva y todos querían la exclusiva.
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