El investigador se llamaba Marcus Delgado, un hombre delgado y sin prisas que había pasado treinta años aprendiendo que la paciencia descubría más de lo que la agresión jamás podría lograr; y llamó a Miguel exactamente seis días después, con su voz manteniendo la particular monotonía de un hombre que entrega hechos que sospecha que caerán como una acusación, independientemente de cuán cuidadosamente los formule.
* Señor Carrasco, tengo algunas cosas que querrá ver en persona - dijo Marcus -. N