María había adquirido la costumbre de llamar los jueves, que no era, estrictamente hablando, un día que le perteneciera: el asistente de Alejandro había bloqueado las tardes de los jueves para llamadas de la junta directiva meses antes de que Celeste volviera a cruzar los portones de Ritchie; pero en algún momento de las últimas semanas, el día se había reordenado en silencio en torno a la insistencia de una niña de seis años, y nadie en la casa Gomez había encontrado fuerzas para discutirlo.