Las manos de Luna temblaban tanto durante el camino de regreso a casa que estuvo a punto de pasarse de largo en el desvío hacia la propiedad dos veces; el paquete sellado reposaba en el asiento del copiloto como algo radiactivo, algo que deseaba arrojar por la ventana y no volver a mirar jamás, incluso mientras apretaba el volante con más fuerza, obligándose a no chocar el auto en su prisa por subirlo al segundo piso. Tres días. Tres días que había pasado viendo cómo el rostro de Miguel se volv