Luna no había dormido bien en tres días, no desde que la semilla de la idea había echado raíces por primera vez, y para cuando se sentó frente a Jena en el estudio de la mujer mayor con una carpeta de investigación desplegada entre ambas, algo en su pecho se había vuelto frío y despejado de una manera que casi no reconocía como propia.
—Ella me humilló —dijo Luna, y su voz, por una vez, no llevó nada del temblor ensayado que solía desplegar para causar efecto. Esto era simplemente un hecho, lla