—¿Q-quiénes son ustedes? —pregunté, retrocediendo un paso—. ¿Por qué vienen hacia mí? ¿Quién los envió? ¿Quién quiere secuestrarme?
Mi voz temblaba sin control.
Uno de ellos me observó con una expresión fría e imperturbable.
—Señorita, no necesita saber quién nos envió —dijo con voz grave—. Todo lo que tiene que hacer es acompañarnos.
Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.
—El jefe necesita verla.
—¿Jefe? ¿Quién es tu jefe? —exigí saber—. ¿Qué quiere de mí? ¡Ni siquiera lo conozco! No teng