Era poco más de las seis y media de la tarde, cuando Leonard llegó a su mansión, después de haberse reunido con Patricia en la ciudad.
Arnoldo abrió la puerta del automóvil y él se bajó observando algo que llamó su atención.
La hermosa mujer con un vestido corto, blanco, volado y escotado que caminaba por los arbustos florales, luciendo su cabello castaño en una trenza, reía a carcajadas mientras platicaba con la sirvienta que él dejó para su cuidado.
Leonard sonrió en ese instante, sintiend