Las horas comenzaron a pasar y Samantha se quedó dormida en el sofá sin siquiera darse cuenta con la tableta digital encima de sus pechos.
Ella abrió sus ojos de pronto asustada.
— ¡No puede ser! ¡Me he dormido! — Gritó para si misma viendo rápidamente a sus alrededores, para fijarse en una ventana que todavía estaba oscuro y al ver el reloj de la tableta se dió cuenta que era ya de madrugada.
Samantha notó que tenía una cobija encima la cual supuso que le había colocado alguna sirvienta o e