El rugido de los motores gemelos de la lancha rápida fue sepultado por el estruendo de un trueno que resquebrajó el cielo negro.
La tormenta tropical había mutado en un monstruo de viento y agua que devoraba la costa de Florida.
El casco de fibra de carbono de la embarcación impactó contra una ola de más de tres metros, elevándose por los aires antes de caer con un crujido seco que sacudió los huesos de sus ocupantes.
El agua salada se colaba con violencia por los costados, inundando la cubiert